De la teoría de la desinformación al Dark Marketing – Jorge Cortés Moreno

Dark Marketing - Jorge Cortés Moreno

Dark Marketing – Jorge Cortés Moreno

Por: Jorge Cortés Moreno

Por décadas, sociólogos y politólogos consideraron pertinente la subdivisión de la propaganda[1] ─la mercadotecnia de los asuntos de gobierno─ en “blanca” y “negra”, refiriéndose a la primera como la identificable en sus emisores y propósitos, mientras que la segunda se le atendía como imposible de identificar en sus emisores aunque sí en sus propósitos, entendiendo que si alguien era agredido, forzosamente había un beneficiario.[2] Pero no. Conforme el paso del tiempo, la realidad avasalló esta división porque existen eventos propagandísticos en los que las características de la subclasificación mencionada quedan rebasadas por diversas razones, entre ellas:

─la propaganda negra que se identificaba a partir de la mera revulsión de los actores comenzó a desdibujarse porque los ganadores dejaron de ser obvios. La realidad demostraría que la propaganda ejercida contra un personaje no necesariamente tenía ganadores visibles ni previsibles, sin poder ubicar en una lista a los “sospechosos”, exhibiendo la nulidad de la subclasificación multicitada[3].

─en el mismo tenor, se fueron dando eventos de propaganda en los que la lógica dejaba de funcionar: se golpeaba sin distingos a personajes corruptos que honestos o bien, apocalípticos que integrados; se violentaba simultáneamente a la sociedad que a grupos violentos.

─cerrando la pinza de la ambigüedad[4], se identificó propaganda que contra lo que la ley electoral señala, no terminaba el día de las elecciones, sino que seguía moviéndose por años. También se encontró que no importaba quién ostentaba el poder político, ya que la propaganda continuaba operando sin dar señales de debilidad.

Así, hace años, nos aproximamos a la investigación de este fenómeno que no tenía antecedentes de análisis en México y que apenas contaba con un par de referentes: la teoría del consenso manufacturado y la teoría de la desinformación; la primera, elaborada por Noam Chomsky y Edward Herman[5] mientras que la segunda fue desarrollada por Gay Durandin[6]. Más atrás, había algunas pistas útiles: Joseph Goebbels[7] y su mecanicismo para convencer a las masas; Edward Bernays[8] y el manejo de la imagen como sustituto de la realidad; Gustav Le Bon y la comunicación persuasiva; y el menos conocido ─pero por mucho el más acertado en el tema─ Wilfred Trotter[9] y sus estudios eruditos sobre la forma en que las ovejas y los hombres actúan de manera parecida en términos grupales.

Después de algunos años de trabajo salió un libro que llevó por nombre “Dark Marketing[10]” y que desde hace algunos años se han tratado de documentar con el método desarrollado en ese texto para identificar propaganda oscura a través del tiempo.

De acuerdo a la experiencia analizada, es factible afirmar que la sociedad está frente a un nuevo tipo de propaganda difícil de identificar en lo que a promotores y beneficiarios se refiere, lo que implica un reto de enormes proporciones al Estado y particularmente a la autoridad electoral federal, considerando que esta organización se encarga de velar por la legitimidad de los comicios locales, estatales y presidenciales. Más aún: la propaganda oscura ha pasado a posicionarse de estratagema del odio[11] a una nueva categoría de hacer política, fundamentada en la agresión permanente e ilógica como argumento.

*Artículo escrito por Jorge Cortés Moreno en colaboración con Mauricio Saldaña
Citas y referencias.
[1] Al respecto se dice que hay propaganda negra, blanca y gris, por ejemplo: “La propaganda se puede clasificar dependiendo de quién es el emisor. La propaganda blanca es originaria de una fuente abierta e identificada, y su contenido es preciso. La propaganda negra pretende demostrar que su origen es amigable, pero en realidad es adversaria. Existe, además, la propaganda gris, que se presenta como neutral, pero viene de un adversario y transmite información falsa”. Véase: Curros, Óscar y Leite, Nuno n.d. “La Propaganda de Guerra, Parte I – Orígenes y evolución”, Asociación de Técnicos en Informática, ATI, Catalunya. Recuperado el 12 de junio de 2013 en: http://www.ati.es/spip.php?article161
[2] Al respecto, Edward Herman considera que “[…] el mainstream y las instituciones de élite comúnmente enlazan las noticias con sus parámetros particulares; cuando las élites están realmente preocupadas y unificadas o bien, cuando los ciudadanos ordinarios no están involucrados en los temas de aquellas, los medios de comunicación pueden servir de manera incondicional, haciendo en los hechos propaganda […]”. Véase: Herman, Edward (2000), “The propaganda model: a retrospective”, Journalism Studies, vol. 1, no. 1. pp. 104.
[3] El recibir golpes desde el exterior y no tener forma de identificar beneficiarios posibles, es factible de visualización desde la Inteligencia, como la describe con nitidez un antiguo jefe del Mossad, que en su caso se refería a la creación de diversos directorios que complicaban la estructura organizacional de los servicios de Inteligencia en Estados Unidos: “[…] desde ahora nadie es realmente responsable, por lo que nunca se le podrá echar la culpa a nadie. Esa sensación de falta de responsabilidad calará en los agentes y dejará claro a las tropas sobre el terreno que en el escalafón más alto no hay una verdadera autoridad […]”. Idéntica condición ocurre con la propaganda oscura, porque literalmente no se puede identificar quien está al mando de ésta y en consecuencia a quien puede perseguirse. Véase: Halevy, Ephraim (2008), “Trece años que cambiaron al mundo”, Ediciones B, Barcelona, pp. 295.
[4] Manejando la siguiente definición del término. “Ambigüedad: f. Posibilidad de que algo pueda entenderse de varios modos o de que admita distintas interpretaciones”. Véase: entrada de “ambigüedad”, recuperado el 14 de junio de 2013 en: http://www.wordreference.com/definicion/ambig%C3%BCedad
[5] Véase de: Chomsky, Noam y Herman, Edward (1999), “Manufacturing Consent: the political economy of the mass media”, Pantheon Books, New York, 464 pp.
[6] Véase de: Durandin, Guy (1983), “La mentira en la propaganda política y en la publicidad”, Paidós Ibérica, Madrid, 208 pp.
[7] Véase: “Los principios de la propaganda de Joseph Goebbels” n.d., Figuras retóricas. Recuperado el 20 de mayo de 2013 en: http://www.retoricas.com/2011/05/los-11-principios-de-la-propaganda-j.html
[8] Véase de: Saldaña, Mauricio y Cortés Moreno, Jorge David (2013), “Temas sobre comunicación política para el siglo XXI”, McGraw Hill, México, 256 pp.
[9] Trotter, Wilfred (1916), “Instincts of the herd in peace and war”, T. Fisher Unwin LTD, London, 276 pp.
[10] Véase de: Saldaña, Mauricio y Cortés Moreno, Jorge David (2009), “Dark Marketing”, Centro de Investigaciones sobre Opinión Pública de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. 136 pp.
[11] Odio entendido como: “[…] la percepción de un grupo bueno hacia un grupo malo […]”, definición que acierta al dejar exhibida la ambigüedad respecto a ¿quién es el bueno y quién es el malo? Véase: Sternberg, Robert y Sternberg, Karin (2010), “La naturaleza del odio”, Paidós, Madrid, pp. 57.

Dr. Jorge David, Consultor Político – About Me

Jorge David Cortés Moreno Acerca de: Jorge David Cortés Moreno
Académico, consultor experto en comunicación política.

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